Un barrio llamado “El Camino del Puma” en los Cerros Hojas Jaboncillo

boltin-1

sala-2Un barrio prehispánico importante de la Ciudad de los Cerros fue localizado en las laderas cercanas a la actual población de Picoazá, a 220 metros sobre el nivel del mar. Debido a que allí se encontraron huellas de un ocelote o tigrillo grande (Leopardus pardalis) fue llamado por los arqueólogos el “Camino del Puma”.

En este barrio las casas o edificios principales se elevaban sobre una plataforma hecha de tierra compactada con piedras, a las cuales se accedía por medio de una rampa.

En la llamada zona del Gran Taller del barrio “Camino del Puma” se hallaba un edificio importante acompañado de 18 edificios más pequeños y bajos. En la edificación más grande se elaboraban los asientos de piedra; en otro edificio servían alimentos en una vajilla especial de color rojizo que tenía una jarra fina. Cerca del lugar hay evidencias de trabajo de hilado de algodón, puesto que se encontró obsidiana, un huso y un figurín de zarigüeya que quizá era el animal emblemático y simbólico de los textileros (CCA, Suárez, 2013).

En toda la zona del Gran Taller del bario “Camino del Puma” se descubrieron distintos elementos, algunos más comunes como metates, comales, piedra y manos de moler. Y otros raros, como aretes de cobre, y trece fragmentos de oro laminado, materiales que eran traídos de otros lugares, puesto que no existían minas de metal en el lugar ni en los alrededores.

Cerca del Gran Taller se encuentra una residencia de familia y personajes importantes que usaban adornos de cobre, un bien escaso en la región. También se encontró en esa residencia un hueso en el que se observa una imagen tallada de un felino, lo que indica el prestigio de los habitantes. A un costado se descubrió un cuenco de aquellos de abundan en todo el cerro y que eran utilizados para contener líquidos, como agua fina, e incluso chicha.

Detrás de toda la zona del Gran Taller existía un huerto con forma escalonada, destinado a la producción de maíz y otros productos. Y más allá un depósito de gran cantidad de ceniza cuyo origen pudo haber sido volcánica o producto de la descomposición de una piedra llamada zeolita. En la terraza del área para horticultura existía un microclima que se producía por evaporación del agua levemente represada. En el área del huerto y en general en todo el barrio “Camino del Puma”, crecía el pepito colorado que da una semilla de color rojo muy atractiva probablemente usada para elaborar collares y adornos. También crecía en el sitio el jaile, que tiene papa comestible y proveía de agua para tomar, y además, después del mes de mayo, cuando se producía su floración, paría una lana color habano que se usaría para elaborar hilo para tejer. En el área más húmeda y un poco más alta estaban las tortugas muy chiquitas, las loras, venados, monos aulladores, el zaino, animal parecido a un cerdo grande con nariz alargada, el llamado lobito de sechura, armadillo, zarigüeyas y cusumbos. Entre las aves voladoras, además de pájaros aparecía el gran murciélago, muy particular por su tamaño y su rostro de mamífero. Las zona era recorrida por venados de cola blanca y siguiendo sus huellas aparecían el ocelote o tigrillo grande (Leopardus pardalis) (CCA, Macías, 2014).

El barrio “Camino del Puma”, parecía un gran jardín donde convivían especies del bosque tropical seco y húmedo. Sus zonas estaban llenas de plantas de hojas duras y de matices verdosos. Crecía el “Camacho” una planta que contiene nutrientes en su raíz en forma de papa, probablemente consumida por los habitantes del Cerro (CCA, Platt, 2010).

También existían helechos que convivían con cactus, palo santo y ceibos. Todo lucía como un jardín lleno de pájaros, de perros de monte llamados lobitos de sechura, armadillos de nueve bandas y venados de lunares blancos. En la noche aparecían grandes murciélagos y ocelotes o pumas, ardillas, zarigüeyas.

Más allá, hacia el occidente, se accedía por un camino a una zona donde existían silos, cuyas paredes interiores estaban recubiertas con paredes de piedras canteadas y trabadas, las cuales en su momento fueron sellados con una tapa de piedra hecha a medida (Vargas, 2014). Como el alimento era importante para garantizar la supervivencia en épocas de escasez, era necesario

custodiarlo o rendirle tributo, por lo que el barrio tenía una pirámide de tierra desde donde se podía mirar todo el valle próximo y a la vez, cuidar las reservas. Asimismo, vigilar el paso del camino que conducía a los pozos y el otro cercano que iba a la zona de las canteras, lugar de mucha importancia porque de allí se extraían los cubos de piedra para elaborar los asientos.

Al otro lado del área donde convergían la pirámide, los silos y el Gran Taller se encontraban otras zonas no menos importantes, de aquel barrio “Camino del Puma”, también zonas de canteras

Por medio de senderos se bajaba a otro nivel y se llegaba a una área escalonada que tiene seis terrazas ubicadas en niveles distintos (CCA, Bohórquez, 2015), por donde pasa un canal de desagüe. En una de sus estructuras más elevadas se encontraron fragmentos de una silla manteña trabajada en una piedra verdosa. Es posible que un personaje poderoso apareciera ocasionalmente delante de la gente reunida en la plaza, con fines rituales o para disponer y organizar el trabajo. En la parte más baja de esta zona, se despliega uno de los vestigios más grandes, que tiene 23 metros de largo por 13 metros de ancho, es decir un total de 300 metros cuadrados. Dentro de este espacio no se han encontraron aún evidencias de actividades humanas específicas, pero se cree que habría sido una zona de reunión o de tipo institucional o público.

Por medio de una depresión, esta zona de la Gran Plaza se comunicaba con un lugar sagrado. Allí existe el edificio más alto emplazado a un metro, sobre una pirámide esculpida sobre la ladera y rellenada con tierra compacta en las partes en que era necesario nivelarla. El edificio mira al oriente, por donde sale el sol. También se ve la doble hilera de piedra que han quedado descubiertas por la destrucción de las gruesas paredes, probablemente esculpidas en bajo relieve, en el material hecho con una argamasa que contenía un elemento cementante, probablemente la ceniza. El edificio tendría un poste que sostendría el techo o cumplía otra función, pero hay dudas sobre este rasgo. Por dentro existían divisiones. En el sitio no se encontraron muchas evidencias, lo que indica que siempre era limpiada, dada su importancia. Detrás de esta pirámide hay un patio, donde se cultivarían productos especiales para fines rituales. Cerca del lugar pasaba un camino peatonal (CCA, Bohórquez, 2015).

A la pirámide se accede por unos escalones iniciales integrados a una rampa de unos dos metros de largo, que permite llegar a la plataforma que tiene un metro de altura. El elemento más importante se encuentra delante de la rampa, allí aparece la “Espiral Cuadrada” que tuvo importante significado para los pobladores de la gran Ciudad y que para nosotros es un misterio. La “Espiral Cuadrada”, tiene de un lado 2.6 metros y del otro lado, 2.9 metros; está compuesta por ocho líneas que se envuelven hacia adentro. El símbolo se puede ver en la tierra donde están dispuestas las piedras dándole forma. Se presume que las construcciones de los pobladores del cerro no dejaban ver las piedras de base sino que levantaban bellas paredes de barro, tierra probablemente amasada con ceniza. Por ello es posible imaginar que la “Espiral” tenía líneas de cierta altura y muy bien elaboradas y talladas, lo que indica que el lugar era de gran belleza. En el centro de la espiral se encontró un figurín de cerámica que presenta la imagen de un sujeto sin cabeza, cuya rotura habría sido hecha a propósito en el contexto de un ritual.

Más allá de la “Espiral”, funcionaba una especie de sala de velación. Se sabe aquello porque se encontraron vasijas con cenizas y dientes humanos (CCA, Bohórquez, 2015).

Hacia abajo, con dirección al occidente, se encontró un beta de roca distinta, por lo que se presume que allí se concentraba un grupo de especialistas. A lo mejor el grupo incluía tanto a trabajadores como a maestros, quienes dirigían el proceso, marcando una diferenciación social por oficios (CCA, Suárez, 2015).

La zona más distante del barrio “El Camino del Puma” estaba destinada a la agricultura, acopio, procesamiento de alimentos y ensilaje. Los silos fueron hechos en ese lugar probablemente por la estructura geológica que contenía una roca especial, que al ser tallada y sellada con tapa de piedra, lograba propiedades para conservar alimentos. Esto indicaría que los manteños conocían técnicas de conservación para afrontar períodos de escasez.


 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *