Las sillas: símbolos de poder ritual

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Las sillas eran evidentemente un símbolo asociado al poder, que estaban esculpidas en un solo bloque de piedra arenisca, zeolita, o en roca más dura. Reproducían como elemento convencional y recurrente la forma de arco invertido que asemeja una “U” en su parte superior, aunque algunas tenían líneas un poco más cuadradas. Esta “U” descansan sobre una base compacta, que generalmente tiene representación de un humano o un animal. Todas fueron esculpidas intencionalmente sin respaldar. Estudios recientes sugieren que algunas de las sillas habrían estado pintadas en sus partes, puesto que hay rastro de uso del negro, amarillo, azul y azul turquesa. (Análisis: CCA. Endara, 2016. Pérez García, García Rodríguez, Museo de América, 2016). En general, las de Hojas y Jaboncillo son de zeolita, aunque también hay de arenisca. Parece que los artistas que las elaboraban usaron además una especie de empaste. La silla más alta tiene hasta 94 centímetros, las más bajas 20 centímetros; y la profundidad varía entre 46 y 20 centímetros (silla. Reserva. Centro de Investigación Hojas Jaboncillo. Guinea, 2004).

Existe una clara geografía de las sillas de piedra. Los asientos de piedra sólo están asociados a los distintos cerros de la zona central de la costa de lo que hoy es Ecuador: Hojas, Jaboncillo, Agua Nueva, Jupe, Agua Blanca, la Roma, Andrés de Vera y posiblemente el de Junín, todas zonas de captura de agua del bosque nuboso y áreas de producción de maíz y otros productos. La mayor densidad de sillas encontradas hasta ahora se localiza en Hojas y Jaboncillo.

Nunca se ha encontrado una silla de piedra más al sur de Agua Blanca, zona cercana al actual Salango; o hacia el norte, más allá de Junín, donde se dice se halló al menos una en la década de 1960. Actualmente se han encontrado pedazos de brazos de sillas en Andrés de Vera, Siete Ceibas y La Solita, y en la Plaza Grande, en el Barrio El Camino del Puma, en Jaboncillo. El único cerro donde no se habría encontrado nunca una silla o asiento es Montecristi, aunque hay un testimonio difuso que plantea el hallazgo de una de estas piezas. De hecho hay una gran silla que durante muchos años, durante el siglo XX, estuvo expuesta en la ciudad de Montecristi, la misma que ahora reposa en el Centro de Investigación de Hojas Jaboncillo.

Los testimonios coinciden en que las sillas de piedra encontradas a finales del siglo XIX y principios del XX, estaban dentro o asociadas a los corrales o estructuras de piedra. El geógrafo Manuel Villavicencio, afirmó en 1858, que en los cerros, entre ellos el de Hojas, estaban dispuestas en un número de 30, las sillas de piedra formando un círculo (Villavicencio en: Larrea, 1957). De acuerdo al testimonio de González Suárez, quien estuvo en el sitio en el siglo XIX, los asientos solían estar dispuestos en semicírculo de forma simétrica, en cada una de las plataformas del cerro localizadas en la parte más alta. En 1894, el Obispo de Portoviejo, Pedro Schumacher, hizo una excursión a uno de los cerros y según su testimonio se sentaron en las sillas de piedra. La narración sugiere que las sillas estaban dispuestas unas cerca de otras. Sabemos de los testimonios de los lugareños de la época, afirmaban que había un lugar donde varias sillas estaban asociadas formando un círculo, lo cual ocurría en un montículo que se encontraba cerca de un enterramiento de varios personajes.

Los hallazgos posteriores no encontraron a las sillas en disposición de círculos, sino asociadas a los corrales o vestigios de edificios localizados en los cerros, y esparciadas a distancia.

Por otra parte, un fragmento de lo que habría sido una silla con una base representando al felino, estaba en un enterramiento importante, y parece haber sido rota intencionalmente (Saville, 2010).

En el Barrio El Camino del Puma, zona de la Plaza Grande, se halló un brazo de silla en el edificio que presidía el escalonamiento y desde donde se veía toda la actividad, lo que indica que tal vez el lugar estaba destinado a ceremonias asociadas a estos asientos.

De acuerdo, a la colección del Museo del Indio Americano, formada por las piezas trasladadas por Saville, alrededor de 27 sillas eran de Jaboncillo, de las cuales al menos cuatro representaban evidentemente al felino, una a un animal parecido, otras al murciélago, la lechuza y la serpiente. Por otra parte, 16 fueron sacadas de Hojas, de las cuales al menos cinco representaban animales agazapados, al parecer felinos. De cerro Jupe provenían cuatro sillas, todas las cuales eran representaciones de animales, entre ellas la iguana. Y de cerro Agua nueva se obtuvieron ocho, una de las cuales representaba a un ser con las piernas en “V” y según Saville, otra tenía una figura de mono (Saville. 1907). Cuatro sillas mas fueron localizadas en la zona de Manta posiblemente la Roma, y en otros lugares de Manabí no determinandos. Esto significa que se extrajeron un total de 59 sillas, unas completas y otras como fragmentos. Esta contabilidad excluye a los asientos de piedra que se encuentran en museos europeos y estaban incluso en los alrededores de Portoviejo en esa época.

En la base de las sillas siempre están señores, personajes o felinos con las cuatro extremidades sobre el suelo. Se desconoce qué significa la posición persistente de un humano, generalmente hombre, o en otro caso felino, en esa determinada posición. Los personajes que están representados aparecen con tocados y a veces enjoyados, por lo que parecen señores, lo que pone en duda la idea de que estén comunicando sumisión.

Un elemento recurrente en las sillas son las manos cerradas con el pulgar encima. Pero en las sillas también se representan determinados animales, entre ellos la lechuza, el mono, la serpiente y el murciélago, además del felino y el felino – hombre, cuyas extremidades superiores son garras.

Algunas sillas son excepcionales, presentan intenciones de talladuras inacabadas, y en otro caso definiciones tenues que dejan ver sin embargo una iconografía distinta. Una de las sillas reproduce la insinuación de “U”, media luna y un círculo vacío sobre esa forma. Otra silla muy especial, parece ser un asiento dual, con dos serpientes y en otro caso, un ser con la cabeza hacia abajo.

La arqueología se ha preguntado sobre la forma, función y simbolismo de las esculturas de piedra. En relación a estas preguntas, han existido las siguientes respuestas:

En relación a la forma es evidente que hubo una intención comunicativa e ideológica contenida en la “U”, lo que puede ser asociado al útero y a la media luna. La relación de esta media luna, con círculos vacíos colocados sobre ella, permite plantearse preguntas acerca de si existió una representación asociada al sol o a los ancestros.

En relación a la función y simbolismo, existen varias respuestas. La primera, construida por Saville, consideraba que los hombres yacen en posición de sumisión, y que el artefacto cumplía una función relacionada al poder y a lo ritual. La segunda, bastante conocida, fue desarrollada por Colin McEwan, quien interpretó que las sillas que tienen representaciones de animales estaban asignadas a sacerdotes o chamanes, y que las que tenían representación de hombres, estaban destinadas al poder civil. Asimismo, estableció una relación entre las sillas, el sol y un orden social cultural andino (McEwan, 2003).

Se ha asociado que la recurrencia de sillas con representación de animales en el cerro de Jaboncillo, mostraría que ese era un lugar más religioso, mientras que en Cerro de Hojas había más expresión de poder civil; sin embargo, también existen sillas que fueron aparentemente sacadas de este último cerro, que encarnan la representación de un felino.

Otra conclusión fue aportada por Mercedes Guinea, quien sostiene que en una fase de desarrollo del “emergente comercio” con el sur, los jefes – chamanes manteños huancavilcas usaron símbolos importados, entre ellos la pirámide escalonada y los puños cerrados cubiertos por el pulgar, para mediante rituales en los que se usaría la ayahuasca para afirmar su poder. Ese sistema de símbolos y rituales incluía a la silla “U” y las estelas, asociadas a un antiguo lugar sagrado, localizado en los cerros.

En la interpretación de Guinea, a pesar de las características de las sillas, estas eran usadas para sentarse como acto de poder (Guinea. 2004).

La acción o representación de sentarse sobre un banco especial ha sido parte de una larga tradición en los grupos históricos de la costa, puesto que la sociedad Valdivia ya lo hacía desde los años 2110 antes de nuestra era (MPC. CCA. García Caputi. 2014).

Las sillas con representaciones humanas eran más altas y se cree eran usadas por señores que tomaban decisiones económicas y administrativas.

Las sillas de felinos eran más bajas y estarían relacionadas con usos chamánicos (Colin McEwan, Guinea, en: MCP. CCA. García Caputi. 2014). La silla con todo su universo simbólico comunicaba, legitimaba o agregaba poder (Guinea, en: MPC. CCA. García Caputi. 2014) y por otra parte mantenían las diferencias entre los que tenían potestad para usarlas, viajar a los otros mundos y tomar decisiones. La clase conformada por chamanes, establecidos en la Ciudad de los Cerros, entrarían en la alianza necesaria con los mercaderes a larga distancia.

En esta fase de la discusión científica, parece que existe un acuerdo acerca de que las sillas estaban relacionadas con el poder chamánico y el uso de alucinógenos, para lograr la imaginación de un viaje de encuentro con lo sobrenatural, para reunirse con seres míticos y lograr un estado espiritual, de esta manera adquirir poderes especiales. Sin embargo, un nuevo aporte pone en duda el uso de las sillas como artefacto para sentarse. El arqueólogo Andrés Usillos propone que las esculturas de piedra no eran funcionales, sino un “refuerzo simbólico” en un ritual relacionado con los ancestros o muertos, los que probablemente actuaban como intermediarios para pedir agua y fertilidad; o al mismo tiempo, como parte de un ritual, para realizar la transición del linaje a favor de un joven cacique (Usillos, 2016).

Con respecto a la recurrencia en la representación de animales en las esculturas o sillas de piedra, se sabe que en casi todo el Abya Ayala, desde Mesoamérica, el felino fue considerado un ser especial y se transformó en un símbolo de poder político geográficamente extenso (Lathrap, Zerries y Norton, en: MCP. CCA. García Caputi. 2014). Por otra parte, se ha reportado la recurrencia de representaciones de pelícano en los soportes de sillas “U” encontradas hace muchos años en cerros de Junín, es decir, el punto más al norte donde se habrían encontrado estas esculturas especiales.

Con enfoque de género, se distingue que la mayoría de los seres que sostienen la “U” de las sillas son varones, lo cual contrasta con el hecho de que en las estelas se repiten figuras femeninas. Sin embargo, existe al menos una silla, que reproduce en su base la imagen de una mujer con corona, vestida, y fue vista en cerro Hojas (González Suárez, 1892).


 

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