LAS SILLAS MANTEÑAS Y LA CIUDAD DE LOS CERROS

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El mundo reconoce como piezas singulares a las famosas Sillas Manteñas, esculturas de piedra en forma de “U” que se encuentran hoy en los museos de Francia, Alemania, Bélgica, EE.UU, Suiza, Italia, Argentina, Chile y España. Hoy, Ecuador da una respuesta sobre el significado y origen de estos símbolos prehispánicos a través de 48 informes científicos que explican la relación con los cerros y una importante Ciudad de Montaña, centro de una gran unidad política cultural que se desarrolló en la costa ecuatoriana, entre el 700 y 1530 d.C, relacionada a la llamada Cultura Manteña, ligada también a la valoración y circulación de la concha spondylus en todo el Pacífico.

El Gobierno de la Revolución Ciudadana declaró Patrimonio Cultural a 3500 hectáreas donde se han localizado 547 evidencias de edificios, pozos y silos de la antigua Ciudad. Al pie del sitio se ha desarrollado un centro de investigación y un Arqueomuseo, que pone en valor la historia prehispánica de la sociedad de los cerros y las sillas “U”, al mismo tiempo que se construyó una infraestructura que devolvió la dignidad a uno de los barrios más pobres de Picoazá, que es el paso hacia el Parque Arqueológico, destino del turismo cultural.

El Arqueomuseo y centro de investigaciones, se inaugura el miércoles 22 de febrero de 2017 a las 16H00, en Picoazá, barrio Las Amazonas.

Breve historia del sitio arqueológico

A principios del siglo XX, entre 1906 y 1910, el arqueólogo norteamericano Marshall Saville, quien venía estudiando las culturas centroamericanas, exploró Ecuador y se centró en evidencias de antiguos edificios de gran tamaño que se encontraban en los cerros Hojas Jaboncillos, ubicados entre Portoviejo, Manta y Montecristi, en la costa de la provincia de Manabí, Ecuador. Asociadas a las estructuras descubrió además de cerámica, restos de pilares, esculturas, bajo relieves o estelas y objetos que funcionalmente parecían unas sillas de piedra, todas insinuando la forma “U” o media luna apoyada en bases con representaciones de animales o seres humanos.

Más de 3000 objetos de varias culturas, entre ellos 60 sillas de piedra y muchas estelas, fueron llevadas por barco a los Estados Unidos y con el paso del tiempo esa colección formó parte del Museo del Indio Americano, Instituto Smithsonian, localizado en Wasington, Estados Unidos.

Saville publicó los resultados de sus investigaciones y concluyó que la cultura de los cerros fue compleja, distinta y tuvo expresiones propias diferenciadas de las manifestaciones centroamericanas (mayas y mexicas) y centro andinas (inca), lo cual constituía para entonces toda una novedad, pues se creía que en Amerindia sólo se desarrollaron behetrías o grupos imperiales. Saville difundió al mundo además, un reportaje sobre la cultura prehispánica de Manabí, por medio del periódico New York Time, cuyas gráficas destacaban las estelas y las sillas manteñas. En 1907 publicó su libro: “The antiquities of Manabí, Ecuador, 1907.

El sitio fue también visitado por viajeros y arqueólogos empíricos, como el Obispo González Suárez. Entre 1917 y 1923 el ecuatoriano Jacinto Jijón y Caamaño realizó nuevos estudios, bautizó a los rasgos estilísticos como Cultura Manteña, nombre con el cual se conoce el legado de la serie de organizaciones políticas articuladas que poblaron la costa desde la Isla Puná hasta el norte de Manabí. Otro gran aporte de Jijón y Caamaño fue la tesis de que estas sociedades estaban articuladas a partir de una “Liga de Mercaderes” o especialistas en intercambio a larga distancia. Después de estas conclusiones, el otro gran arqueólogo ecuatoriano, Emilio Estrada señaló que existían rasgos comunes pero también diferentes entre los manteños del norte y del Sur. A finales del siglo XX, el arqueólogo Jorge Marcos propone finalmente que estas sociedades complejas conformaban un estado peculiar cuyo rol principal era el intercambio a larga distancia de bienes exóticos con valor de prestigio y valor sagrado, que funcionaban como especie de moneda a partir de la cual se conformó una especie de sistema mundo en el Pacífico.

Mientras tanto, más de cien años habían transcurrido y el lugar donde se encuentran las evidencias del antiguo centro ciudad del Estado Manteño, localizado en los cerros Hojas Jaboncillo, se había transformado en sitio de explotación de canteras. El gobierno ecuatoriano, tomó la decisión de preservar 3500 hectáreas e iniciar las investigaciones en 2010.

Hoy, 50 hectáreas de la ladera Este de los cerros Hojas Jaboncillo, se han transformado en un Parque Arqueológico, al mismo tiempo que se georeferenciaron 547 estructuras y se llevaron a cabo investigaciones mediante prospección, análisis de evidencias, excavaciones y curaduría de colecciones cercanas. Se construyó una importante infraestructura, edificio de 1551 mil metros que alberga la reserva de las evidencias, verdadera tiestoteca que equivale a una biblioteca en el sentido de contener datos de gran importancia para futuras investigaciones. En el centro de investigaciones funciona además una biblioteca para la comunidad, salas para actividades, zona de restauración, el Arqueomuseo, una apuesta museográfica pedagógica y moderna, que llama la atención de los visitantes, puesto que su centralidad está en las sillas manteñas y la gran ciudad de los cerros.

Las sillas manteñas en los museos del mundo

Por aquella época llegaron a Manabí alemanes atraídos por el negocio de la tagua, y admirados por las evidencias de la antigua Ciudad de los Cerros, se llevaron decenas de sillas manteñas que pasaron por manos de coleccionistas y llegaron a las reservas de varios países europeos. Hoy, al menos 99 sillas manteñas se encuentra en museos de Italia, Francia, Alemania, Bélgica, Suiza, España, Estados Unidos, Argentina y Chile.

En España, una de las sillas está siendo actualmente objeto de investigaciones especiales tanto relacionadas al material con que fueron trabajadas, como el rol que cumplían dentro de un sistema ideológico especial. El arqueólogo Andrés Usillos, concluyó recientemente una publicación al respecto, con nuevos aportes. En Argentina, las sillas fueron obtenidas mediante una negociación con el Museo del Indio y ahora forman parte del Museo de La Plata.

En Francia, una de las sillas más importantes estaba hasta hace poco tiempo en el Museo del Hombre, y ahora se conoce que reposa en el Muse “Quai Branly”. Esta silla es una de aquellas que tiene la singularidad de la representación del felino con los puños cubiertos por el pulgar, uno de los códigos que llama la atención de la arqueología mundial, estudiado particularmente por Mercedes Guinea.

Mientras en el mundo la silla manteña es conservada y expuesta, en Ecuador no había existido hasta ahora un museo dedicado a explicar este símbolo en relación a las ciudades de los cerros, en especial a Hojas y Jaboncillo. Hoy esa historia está cambiando, debido a que finalmente se abre el 22 de febrero un museo al pie de la montaña de Jaboncillo, que contiene estas piezas y la explicación científica sobre la sociedad de los cerros ligada a la gran dinámica del Pacífico, entre el 700 y 1535 d.C.

El Arqueomuseo Hojas Jaboncillo

Picoazá es una parroquia popular del cantón Portoviejo, provincia de Manabí. En ese lugar, en el barrio Las Amazonas, donde termina el poblado y empieza la montaña, se erige el Arqueomuseo donde se presenta una hermosa y pedagógica exposiciones museográfica llamada “Tras las huellas de la misteriosa ciudad de los cerros”.

La exposición tiene su centralidad en una colección de sillas y fragmentos de sillas manteñas, alrededor de las cuales se cuenta la historia de la Ciudad de los Cerros, su organización política, su organización social, el sistema de intercambio y el sistema de símbolos.

El museo expone videos que acompañan a piezas singulares como la del felino. También explica el proceso de producción de textiles y los colores naturales. Una parte importante es la reproducción de la casa de un señor principal y el hallazgo del taller de las sillas manteñas. También en el museo se puede conocer los fragmentos de los comales, un sistema de cocción de una de las gastronomías más peculiares de la costa ecuatoriana, basada en maíz y maní.

Las herramientas de piedra llamadas metates y piedras de moler muestran el nivel de productividad que alcanzó la sociedad de los cerros. Al final, en una sala especial los visitantes pueden ver cara a cara a los arqueólogos e historiadores que participaron en este proceso, explicando con claridad el resultado de las investigaciones. No es este un museo de la belleza de las piezas, sino de su función y sobre todo de la sociedad que las produjo, pues está basado en investigación científica.

Uno de los aspectos más atractivos que se encuentra en el Arqueomuseo son las miniaturas, pequeñas fusayolas que servían para hilar algodón o para fines de memoria y contabilidad, cada uno de los cuales tiene esculpida una figura hermosa geométrica o de animales, sobre el barro endurecido.

En época de verano, el Arqueomuseo forma parte de un recorrido que termina en el Museo de Sitio, que se encuentra a escasos tres kilómetros, en el que se puede recorrer el barrio de los canteros, se pueden ver los vestigios de los antiguos edificios, ver el paisaje del valle del río Portoviejo y abrazar el ceibo, uno de los árboles exóticos del lugar.

Las respuestas de las investigaciones

Alrededor de diez arqueólogos entre 2011 y 2016 realizaron investigaciones y confirmaron la existencia de una gran ciudad prehispánica, quizás la más grande encontrada hasta ahora en la costa ecuatoriana, que habría sido el centro sagrado y de producción de bienes suntuarios, a partir de cuyo uso, simbolismo y circulación se organizó una sociedad con varios niveles de jerarquía.

La silla manteña y el control de la reproducción de ese símbolo que sólo se ha encontrado en los cerros de Jupe, Agua Nueva, Agua blanca y Hojas Jaboncillo, es lo que explicaría el sistema de poder, que pudo desarrollar una forma de cohesión social diferente a la de los incas, sin ejércitos ni procesos expansionistas. Se trataría entonces de un sistema basado en formas de reciprocidad “desigual” que no obstante garantizaba el acceso a bienes necesarios para la vida y aún exóticos, lo que explica que en largos periodos se incrementaba la población.

El principal problema de la sociedad de la zona central de la costa ecuatoriana fue el control del agua y la producción de maíz. Los cerros habrían permitido la “cosecha” de agua subterránea mediante pozos y la captura de agua de bruma, lo que permitía una producción excedentaria y probablemente el procesamiento y conservación de harina y tortillas de maíz, que eran redistribuidos mediante formas de reciprocidad y redistribución, propias del mundo andino.

Las fotografías del vuelo líder realizado con aviones ecuatorianos de alta tecnología, está por revelar el tamaño real de la gran ciudad, que de lo que se conoce hasta ahora por las exploraciones realizadas, era escalonada, conformada por barrios y zonas especializadas en funciones específicas. Es posible que la elite residiera en la parte alta que llega a los 650 metros sobre el nivel del mar, mientras que un grupo trabajador medio producía los bienes especiales y de prestigio como la silla y esculturas de piedra, y otro grupo se dedicara a labores de artesanía y agricultura.

La ciudad de montaña estaba relacionada con los señoríos de Agua Blanca, de Chanduy, La Puná y más, todos los cuales conformaban un sistema parecido a lo que Jijón y Caamaño bautizó como la Liga de Mercaderes. Sin embargo, el acceso a las sillas, símbolos principales de poder ritual, sólo era en posible en los cerros

El sistema de símbolos y las sillas manteñas

Las llamadas sillas manteñas son esculturas de hasta 96 centímetros de alto, talladas en una sola pieza de piedra. Todas insinúan en su parte superior una especie de forma “U” soportada por una base donde por lo general se ha representado un hombre con tocado y adornos o un animal. Es notorio que el felino tiene un especial valor y conexión con la silla de piedra. Otro elemento es el código que se establece a partir de la forma de las manos – garras, que tienen puños semi cerrados con el pulgar encima. Las sillas fueron trabajadas en piedra arenisca o piedra zeolita, de acuerdo a los análisis realizados por los arqueólogos del proyecto Hojas Jaboncillo. Algunas, sino todas, estaban cubiertas con un empaste de colores amarillo, azul o negro. Es particular la silla que contiene una serpiente o murciélagos.

Tradicionalmente se ha creído que las sillas sirvieron para que un señor principal se sentara en momentos especiales. Sin embargo, las últimas investigaciones proponen en que su forma ergonómica no era propicia para sentarse de manera cotidiana por lo que sería más bien un símbolo importante dentro de la parafernalia que se usaba durante rituales. Usillos infiere que tenía que ver con los ritos de iniciación mediante los cuales un linaje heredaba el poder de una unidad política.

La ciudad de los cerros

Se ha concluido mediante estudios de carbono 14 que la Ciudad de los Cerros estaba viva y ocupada en los años 1190, 1270 y luego en 1520, es decir cuando los españoles estaban invadiendo la costa del Pacífico. También se ha concluido que tuvo períodos de abandonos, ligados probablemente a la caída de ceniza volcánica u otros eventos naturales.

La Ciudad de los Cerros había sido de algún modo esculpida en la gran montaña y tenía niveles o escalones donde se encontraban asentadas las terrazas y barrios. Se concluye que la altitud de los barrios marcaba de alguna manera el orden social, de manera que gente con poder político y ritual estaba en las zonas altas, otras en las áreas medias y finalmente un grupo común en la parte baja.

Hay evidencias de que existía un barrio de canteros o de producción de sillas, puesto que se encontró el taller de sillas manteñas asociado a canteras especiales, y por otra a producción de textiles. En esa zona también hay gran cantidad de depresiones que servirían como silos para guardar alimentos tal vez procesados, a partir de las condiciones de unas rocas propicias para la conservación, cuyos huecos eran tapados con tapas de piedra arenisca. También uno de los barrios tiene una zona de cremación de cadáveres o área funeraria y un lugar de rituales asociado a un símbolo llamado por los arqueólogos como “espiral cuadrada”, relacionada con el agua y la serpiente.

La infraestructura de la Ciudad de los Cerros estaba compuesta por caminos y sobre todo por pozos de agua recubiertos con piedras para filtrar el agua subterránea y obtener líquido de alta calidad para consumo humano.

Es posible que la ciudad tuviera un rol político sagrado ligado además a la producción de maíz con valor ritual, a partir de lo cual, según el arqueólogo Luniss se lograba la cohesión social e ideológica necesaria para la vitalidad del sistema. La montaña era el símbolo mayor que envolvía todo lo demás.