El Paisaje de la Ciudad de los Cerros

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Hojas y Jaboncillo son cerros que alcanzan hasta 650 metros de altitud, especie de islas de gran biodiversidad, localizadas cerca de uno de los bordes costeros más prominentes de toda la costa del Pacífico, de América del Sur.

La diversidad de Hojas y Jaboncillo es única, de tal forma que en su parte baja generalmente se ve una vegetación de plantas típicas de zonas secas; y conforme se asciende, hay áreas de transición, hasta llegar a la parte alta donde se encuentra un bosque húmedo o bosque de garúa, lleno de plantas tropicales.

La particularidad de los cerros es su bosque de brumas, que se produce sobre todo en verano cuando el clima recibe la influencia del frío que viene desde el mar, debido a la presencia temporal de una corriente marítima, presente entre junio y noviembre. Como en general la zona circundante es seca, los cerros se vuelven oasis donde se puede obtener agua por destilación producida por las barbas de ciertos árboles, o por medio de pozos que captan sus escorrentías subterráneas. Como el agua es vida, el lugar fue extremadamente propicio para resolver el problema del líquido, escaso en otros lugares, sobre todo en épocas de sequía.

La estructura de los cerros ha cambiado un poco, debido a la modificación sufrida por eventos naturales y actualmente por la explotación de canteras, que impactan sobre la montaña para sacar piedra. Es posible que la caída de ceniza volcánica en varias ocasiones haya cambiado el paisaje, así como las lluvias torrenciales que se producen cada cierto tiempo, llamadas hoy fenómeno de El Niño. También cambió en algo el paisaje forestal, puesto que se han introducido variedades nuevas, por ejemplo el café, que no es propio de América ni de ese lugar. Se ha confirmado que antes los cerros eran más húmedos con respecto a la situación actual (CCA, Suárez, 2011).

A pesar de los cambios producidos en los cerros, aún predominan los árboles más característicos como el palo santo, el zapote de perro, el pepito colorado que se visten de rojo – anaranjado, el  cojojo, el bototillo, el jaile que pare una lana café rosada, y el ceibo que a veces está descubierto, otras ocasiones tiene botones rojos y luego se cubre de una lana blanca. Hay arbustos como el papayo macho, los muyuyos, o incluso cactus. En la zona alta y húmeda existen muchos árboles y bellas orquídeas. Llama la atención áreas que aunque están en la parte baja son húmedas, como la que se encuentra en la ladera de Jaboncillo, donde se recoge agua en pozos y hay gran concentración de aves (CCA, Platt, 2010).

En cuanto a los animales, es posible que la realidad actual no sea la misma que la que existía hace unos mil años atrás. A lo mejor ahora, existen otras aves migratorias, sin embargo es casi seguro que en tiempos antiguos existieron pájaros tan especiales y bellos como el pedrote. Se conservan aún esculturas y representaciones elaboradas por los antiguos habitantes de los cerros, del garrapatero, el murciélago, gavilán y lechuza. Actualmente, se han encontrado registros del bello colibrí Estrellita, guacharacas, periquitos, valdivia, mosquetero, carpintero, cacique y negro fino.

Tampoco se conoce a ciencia cierta cuáles eran los mamíferos que específicamente abundaban en el cerro. Se sabe que antes existía el zaino, que ahora ha desaparecido. Con seguridad corrían el perro de monte, el venado de cola blanca, el cabeza de mate y el armadillo. Se arrastraban lagartijas, culebras e iguanas, caminaban las arañas y los alacranes. Aparecía el marsupial llamado zarigüella cargando con sus hijos en la bolsa debajo de su vientre. Volaban muchos pájaros, entre ellos el gran gavilán, la lechuza, y la Valdivia llamada Pacharaca. Trepaban por las ramas el perezoso o perico ligero y las ardillas. Cantaban también los monos aulladores y de repente aparecía la pequeña tortuga propia de los cerros. Aún aparece el perrito de monte con su bella cola; el cabeza de mate y el venado de cola blanca y muchos otros animales.

Un animal considerado sagrado, fue el felino. Se desconoce si vivieron en el lugar diversos tipos de felinos, pero actualmente se ha encontrado evidencia y confirmación de que un tigrillo u ocelote grande y saludable, habita en Jaboncillo, o a lo mejor sólo lo visita en ciertas épocas del año. En su momento, se vieron dos individuos, uno de los cuales recorrió el lugar en el mes de septiembre de 2014 y fue fotografiado con una cámara trampa (CCA, Macías, 2014).

En los cerros hay un fenómeno de mucha belleza y transformación que se produce desde enero hasta abril, cuando debido a las lluvias el paisaje se vuelve intensamente verde en todas partes. El resto del año parece gris, pero en realidad hay colores estridentes que surgen cuando florecen ciertas plantas, como el papayo macho o aparece el efecto de dorado en ciertos árboles, cuando reciben los rayos del sol en el atardecer. En la parte alta, las nubes condensadas permiten mantener el verdor en medio de un paisaje nublado asombroso.

Algunos ecólogos concluyen que antes la humedad de las alturas llegaba a zonas más bajas, por lo que a los 200 metros de altura, se podría observar un jardín cultivado por los habitantes de los cerros, lleno de árboles y plantas bajas de hojas gruesas. La imaginación permite representar un lugar colorido y lleno de cantos de pájaros. Y en la noche se presumiría el caminar del tigrillo, en un mundo cubierto por las estrellas.

 


 

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